Artículo · 6 min

Tratamiento de la menopausia: opciones actuales

No existe un único “tratamiento de la menopausia”. Existe un plan personalizado, elegido junto a una ginecóloga tras valorar tu historia clínica, tus síntomas, tus preferencias y tu riesgo individual. Este artículo resume las opciones actuales con base en evidencia.

Hábitos con impacto clínico probado

Son la base de cualquier plan y a menudo se infravaloran.

  • Ejercicio de fuerza 2–3 veces por semana
  • Actividad aeróbica regular
  • Alimentación con suficiente proteína, calcio y vitamina D
  • Reducir alcohol y tabaco
  • Higiene del sueño y manejo del estrés

Terapia hormonal (THM)

La terapia hormonal de la menopausia es, para la mayoría de mujeres sin contraindicaciones, la opción más eficaz frente a los sofocos y los síntomas genitourinarios.

Se prescribe siempre tras una valoración individual y a la dosis mínima eficaz. No es adecuada para todas las mujeres y requiere seguimiento.

Opciones no hormonales

Para mujeres que no pueden o no quieren THM, existen alternativas con respaldo clínico creciente que deben elegirse con criterio.

  • Terapias no hormonales de última generación
  • Abordaje del sueño y del estado de ánimo
  • Tratamiento local de la sequedad vaginal
  • Suplementación puntual guiada

¿Por dónde empezar?

Por una consulta ordenada. En una única visita se revisan síntomas, antecedentes y análisis, y se decide qué combinación tiene sentido en tu caso.

Siguiente paso

Habla con una ginecóloga colegiada en España

Una consulta ordenada te permite entender qué te está pasando, descartar otras causas y salir con un plan clínico claro.

79 €199 €
Reservar consulta

Preguntas frecuentes

¿La terapia hormonal es segura?

Para la mayoría de mujeres sanas iniciada dentro de los 10 primeros años tras la menopausia, los beneficios superan a los riesgos. La decisión es siempre individual.

¿Cuánto tarda en notarse el tratamiento?

Los sofocos suelen mejorar en 2–4 semanas. Los síntomas genitourinarios y del sueño pueden requerir 2–3 meses.

¿Es para siempre?

No necesariamente. La duración se revisa periódicamente en función de síntomas, edad y riesgo individual.

Sigue leyendo